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A pesar de que es un cultivo clave en el norte de la Región Centro y que el clima está acompañando, se proyecta una nueva caída en la cosecha. Las causas de un declive que lleva 15 años.

A pesar de que competidores directos como Ucrania y Rusia tienen una cosecha récord de girasol, la cadena girasolera argentina va camino a una nueva decepción: el área de siembra cayó un 18%, en comparación con el ciclo pasado, y la Asociación Argentina del Girasol (Asagir) advierte que podría ser la peor campaña en 40 años.

La coyuntura del cultivo golpea, además del sudoeste de la provincia de Buenos Aires, la principal zona girasolera del país, el entramado productivo del norte de la Región Centro, que en buena parte depende de los ingresos que genera un cultivo que tiene una tolerancia mayor frente a condiciones agronómicas muy complicadas, como el estrés hídrico.

En realidad, la menor cosecha que se proyecta para este año (el USDA estima 2,7 millones de toneladas, contra 3,1 millones de toneladas que se levantaron en el ciclo 2012/13) es la continuidad de más de una década de fuerte contracción del cultivo. Del girasol salen dos productos de importante valor agregado: el aceite y la harina, que es un insumo forrajero para la producción de carne y leche.

En 1999, la Argentina producía 2,4 millones de toneladas de aceite de girasol y 2,5 millones de toneladas de harina. En el 2012, en cambio, la producción de aceite fue de 1,5 millones de toneladas y se logró un volumen casi idéntico de harina, según los datos que recopila un informe de Julio Calzada, jefe de los economistas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Estas cifras implican un retroceso del 40% en 14 años.

Hasta el 2004, la cadena del girasol argentina tenía un fuerte liderazgo en el mercado internacional. “Era el segundo productor mundial de harina de girasol y el principal exportador. Hoy somos el cuarto país a nivel mundial”, señala Calzada. En 1999, por ejemplo, se exportaron 2,3 millones de toneladas de tortas, pellets y harina de girasol, contra algo más de 500.000 toneladas que se vendieron globalmente de la campaña 2012/13.

Un trabajo de Jorge Ingaramo, asesor económico de Asagir, también recuerda que hasta 2004/5 la Argentina contaba con el 35% del mercado mundial de aceite de girasol y unos años antes (2000/2001) llegó a poseer el 73% de las ventas globales. “En la actualidad, según proyecciones propias, podríamos llegar apenas al 8% de las exportaciones mundiales en 2014”, adelanta Ingaramo, quien cuenta que Ucrania se quedaría con el 57% del mercado y Rusia con el 20%.

En el norte de Santa Fe hay muchas ciudades y pueblos para los que el girasol es estratégico. “La nobleza del cultivo ante situaciones de estrés hídrico y su estabilidad de rendimientos lo posicionan en estas regiones como la única alternativa agrícola, o la más segura, incluso frente a la soja”, destaca el asesor de Asagir. Además, hay toda una cadena de procesamiento, acopio y distribución especialmente adaptada a las necesidades del cultivo.

En la coyuntura actual, los productores piden que el Gobierno baje las retenciones a las exportaciones (en la semilla son del 32% y en el aceite y la harina del 30%) para volver a impulsar el cultivo. Pero la caída en la cosecha girasolera, explica la bolsa rosarina, se relaciona con varias causas que golpearon a esta cadena en los últimos quince años.

Al final de la década del 90’, se derrumbaron los precios internacionales del aceite y la harina de girasol, a partir del aumento en la oferta de aceite de palma, un cultivo de fuerte producción en el continente asiático. Este escenario global afectó la rentabilidad de los productores argentinos. A la salida de la convertibilidad, en 2001, además, era más conveniente priorizar la soja que el girasol por sus menores costos directos y mayores márgenes por hectárea.

También hay una importante incidencia del flete en camión en la competitividad del cultivo, un talón de Aquiles que comparte con toda la producción argentina de granos. En este caso, el problema es que varias zonas girasoleras claves, como el norte de Santa Fe y algunas regiones de las provincias de Chaco, La Pampa y Santiago del Estero, están alejadas de las terminales portuarias y la factura del flete se hace muy pesada para la rentabilidad que ofrece el cultivo.

Pero hay otro factor más para tomar en cuenta. “El desplazamiento del girasol hacia zonas con mayor riesgo agroecológico y tierras de menor calidad y aptitud ha hecho que los rendimientos, pese a los importantes cambios tecnológicos, no hayan experimentado subas significativas”, suma Asagir.

En esta entidad están convencidos de que el cultivo puede recuperar rápidamente el protagonismo que tuvo, con algunas medidas de estímulo, como la reducción de las retenciones.

En este sentido, aseguran que es perfectamente viable incrementar el área a 1,9 millones de hectáreas (500.000 hectáreas más) e incluso volver a sembrar más de 2,5 millones de hectáreas.

Recuperando un mayor volumen de producción, lo que se incrementaría es el saldo exportable, ya que con la cosecha actual se abastece con margen el mercado interno, al que va el 51% del aceite y el 66% de la harina.

En el país hay “know how” de sobra para conseguir estos objetivos. Los productores girasoleros argentinos son reconocidos mundialmente por sus altos rendimientos por hectárea, en comparación con otros países productores, a partir de un manejo eficiente con eje en la siembra directa, las innovaciones genéticas y la tecnología para proteger el cultivo, aunque hoy las palomas sean un dolor de cabeza en muchas regiones.

En definitiva, con la pista despejada, el cultivo tiene mucho margen para crecer y aportar al desarrollo económico de una vasta zona de la Región Centro.

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Radiografía de la cadena girasolera

En la Argentina hay unas 15 industrias procesadoras de girasol. La mitad son empresas pequeñas y el resto de mayor envergadura. Incluso hay siete plantas que tienen la capacidad para procesar la totalidad de la cosecha que se espera lograr esta campaña: 2,7 millones de toneladas. Cada una de esas plantas tiene, en promedio, la capacidad instalada para moler 2.000 toneladas por día (a lo que hay que sumar lo que procesan las plantas más chica). Por eso casi la mitad del año están ociosas, asegura un informe de Asagir.

El aceite que va al mercado interno es refinado y envasado para un consumo por habitante de 13,5 litros por año. En el país también se implantan unas 70.000 hectáreas destinadas a la producción de girasol confitero.

Se esperan buenos rindes esta campaña

En el centro norte de Santa Fe, los lotes están en buenas condiciones, según el último informe del Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA) que publica la Bolsa de Comercio de Santa Fe (BCSF).

En los departamentos santafesinos de General Obligado y San Justo, en los lotes que ya se cosecharon los rendimientos mínimos oscilan entre los 9 qq/ha y 14 qq/ha y los máximos entre 18 qq/ha y 21 qq/ha. En algunos casos, se lograron rindes de 26 quintales por hectárea.

Con el envión de las últimas lluvias, los cultivares que todavía no se cosecharon tienen “buena estructura, estándar de plantas y uniformidad” en el lote, según los técnicos del SEA, que estiman un rinde promedio de 20/21 qq/ha para el norte santafesino.

Como en otras regiones girasoleras, las palomas y las cotorras son un verdadero problema para los productores. “Para evitar la menor pérdida posible de granos, se tomaron y se continúan tomando decisiones sobre la aplicación de defoliantes para adelantar el secado de los cultivares”, cuenta la bolsa santafesina.

En el NEA, el cultivo también presenta muy buenas condiciones por las abundantes precipitaciones. El estadio de los cuadros es el de llenado de granos y se esperan rindes promedio de entre 13/15 quintales por hectárea.

Fuente: Clarín Rural





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