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La estabilidad ganadera hace dudar a los productores agrícolas ante la caída del precio de la oleaginosa.

Escalón por escalón, el precio de la soja va cayendo en el mercado internacional, que de forma transparente lo traslada al mercado local. De los US$ 500 –y más– que tuvo dos años atrás la oleaginosa, ahora los márgenes extraordinarios se han esfumado y para plantar hay que ser valiente. Con US$ 300 por tonelada que se ofrecen esta semana solo hay que esperar que los precios reboten o que se logre un rendimiento muy elevado para lograr un margen.

El desafío es mayor aún para quienes pagan rentas porque, aunque han ajustado a la baja, muchas fueron pactadas con un precio mayor al actual, en torno a US$ 350, cuando el exceso de lluvias al comienzo de la siembra de EEUU dio aliento a los mercados.

Los números que parecían cerrar ajustadamente dos meses atrás, ahora se han vuelto más finos. Tras ese momento que ilusionó el precio fue derrumbado por la mejora en las condiciones climáticas en EEUU, que se aproxima a otra cosecha de más de 100 millones de toneladas, y las dudas crecientes que genera la economía de China.

Todo entre la baja en el precio de la tierra en kilos de soja y el de la propia soja, que disminuye lo que percibe el arrendatario. Una renta de 800 kilos a US$ 500 la tonelada significaba lograr US$ 400 por hectárea, algo imposible de lograr en ganadería y sin riesgo. Pero ahora esos 800 tal vez son 500 o 600 kilos a US$ 300 por tonelada, con lo que la renta que recibe el propietario de la tierra cae a la mitad y el negocio se vuelve menos atractivo.

De esta forma, los números de la ganadería realizada en suelos de alto potencial se emparejan con los de la soja. Pero el problema es que volver a la ganadería no es barato, mientras que arrendar para la soja es gratis y simple.

Entre una pradera que cueste unos US$ 250/ha y lo que cuesta poblar el campo, el regreso a la ganadería requiere de una inversión importante. Para alguien que tenga unas 200 hectáreas –es decir, una superficie modesta– para rearmar la ganadería eso implica una inversión de más de US$ 100 mil y que tiene un retorno diferido en el tiempo, mientras que el arrendatario usualmente paga una parte por adelantado y se encarga de todo.

Rafael Gil, gerente de la consultora ABC, estimó que los costos de cultivo de soja se ubican entre US$ 550 y US$ 600 por hectárea, dependiendo de si se toma en cuenta el costo de la cobertura de invierno (US$ 50 aproximadamente). A ese costo directo debe agregarse el pago por la renta y los gastos comerciales (flete más gastos de comercialización). La suma de los costos de renta y gastos comerciales agregan entre US$ 200 y US$ 300 por hectárea, según la región del país, distancia a puerto y rendimiento proyectado de grano a transportar.

Pero con un costo total de cerca de US$ 900 y un precio por tonelada de US$ 300, el rendimiento de equilibrio se acerca a los 3.000 kilos/ha, lo que es menos que el promedio nacional y solo se obtiene en años muy buenos.

La alternativa es la ganadería. "Para la ganadería estamos proyectando una inversión de aproximadamente US$ 200 a US$300 por ha en pasturas permanentes de 3-4 años de persistencia (incluye insumos, labores y eléctrico para pastoreo en franjas), con un costo de mantenimiento de US$ 75-US$ 100/ha aproximadamente en refertilizaciones y aplicación de herbicida para control de malezas en los años siguientes a la siembra. A ese costo se agrega el de poner los animales que comerán esas pasturas", explicó Gil.

Agregó que "si se compran novillos grandes, de 350 kilos, pastoreando a una carga de 2 UG/ha, estamos considerando 2.17 novillos por ha, a un precio de compra de US$ 1,82/kg, el costo total del regreso a la ganadería es de US$ 1.380/ha en ganado".

Si agregamos las pasturas, el regreso a un sistema ganadero termina sumando un costo de unos US$ 1.630 por hectárea como total. Estas son meras referencias ya que las cargas son muy variables de acuerdo al volumen de forraje disponible, tipo de pastoreo (intensidad y frecuencia del mismo) y existencia o no de suplementación estratégica.

Para el agricultor mercedario Gabriel Carballal, el costo directo de una soja de primera se ubica en U$ 560 por hectárea. Para un propietario, sin contar los costos de oportunidad, el equilibrio es de 2.000 kilos. Para un arrendador que pague 750 kg/ha de renta (la referencia de las zonas núcleo agrícola) ese equilibrio está en los 2.750 kg/ha. Algo parecido al rendimiento que puede esperarse.

La alternativa ganadera, según sus números, son una pradera que tiene un costo de US$ 250/ha, pero entiende que el costo de poner el ganado es de unos US$ 300-US$ 350/ha y la renta que en caso de alquilar no debería superar los US$ 100/ha.

"Con esos números necesitas ganar 700 gramos por día y comprar al mismo precio de la venta (no más caro) para que te deje US$ 30/ha. Son números finos también, pero por lo menos mucho más seguros", dijo Carballal.

Una decisión que no es fácil para quienes están arrendando y tal vez más simple para los propietarios de campo, cotejando ingresos de corto, mediano y largo plazo, así como los balances de materia orgánica en los suelos, que en muchos casos están ya reclamando un descanso de la agricultura para pasar a esquemas forrajeros.

La decisión la están evaluando en estas semanas todos: desde las grandes empresas que tienen que definir su estrategia para 2015/16 hasta los pequeños empresarios para los que un traspié puede ser fatal. Las variables para armar una estrategia son más volátiles que en años anteriores. La propia estabilidad del sector ganadero no resistió el final de las faenas destinadas a Israel y esta semana aceleró las bajas.

Pero en un mundo en el que China tambalea y en un país en el que el costo del transporte es el más alto de la región, el recorte sobre áreas agrícolas distantes de puerto parece un hecho. El balance será una baja en el área sembrada de soja. De entre 1,3 millones y 1,4 millones de hectáreas sembradas un año atrás seguramente se baje a 1,1 millones este año.

Fuente: El Observador

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  • Tablero de Control y Balance de Masas online y con proyección internacional

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    La jornada fue un éxito, decenas de personas de todas partes del mundo se unieron al streaming organizado por ASAGA y patrocinado de Desmet Ballestra para actualizarse sobre el Tablero de Control y Balance de Masa en Plantas de Crushing. Destacamos que todas las charlas se dictaron por streaming directo con plena participación de los inscriptos, pero de una manera organizada para evitar ruidos durante las disertaciones.

    El objetivo era conocer los conceptos y estrategias técnicas acerca de cómo implementar un Tablero de Control en una planta de crushing de semillas oleaginosas. KPI, Informes Gerenciales, entre otros puntos. Asimismo, también se dará teoría y práctica sobre Balance de Masas en la industria aceitera. Se trabajará a través de ejemplos prácticos y didácticos que permitan analizar casos concretos de Balance de Masas. Los asistentes de este taller adquirirán herramientas de guía y optimización de sus tareas en planta.

    La coordinación del evento estuvo a cargo del especialista Aníbal Demarco (DESMET BALLESTRA y ASAGA), quien además disertó junto a Renata Carminato (C&L Consultores) y César Lanati (C&L Consultores).

     

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    Tel/Fax: (+54 341) 4391761/4373845

    Fuente: Prensa ASAGA

     
  • Productores de biocombustible se declaran en estado de alerta

    El sector viene operando a la mitad de su capacidad desde fines del 2019.

    El sector de biocombustibles se encuentra en estado de alerta después que los productores aseguraron que permitieron un gran ahorro en importaciones, al rechazar la posibilidad que atribuyen a las petroleras de reducir el corte de las naftas y el diesel, lo que agravaría la caída de producción del sector que opera a la mitad de su capacidad.

    El planteo llegó de manos de la Liga Bioenergética, quienes alertaron por "la gravísima situación que atraviesa la industria de biocombustibles" y que pone en riesgo los 10.000 puestos de trabajo que genera en 10 provincias mediante la industrialización de la producción primaria.

    "La industria de los biocombustibles no está subsidiada, al contrario de otras industrias que necesitan que les garanticen mejores precios que los fijados internacionalmente para hacer inversiones en Argentina", expresó la entidad al resaltar que la actividad "evitó importaciones por más de u$s27.000 millones en el período 2010–2019".

    En ese sentido, los productores plantean que "volver al sistema de exportación primaria del poroto de soja o grano de maíz, además de ser anacrónico, constituye desconocer la importancia del agregado de valor en origen, ya que el país posee el complejo agroexportador más grande y eficiente del mundo que debe ser aprovechado con un desarrollo industrial que aumente los empleos calificados y las inversiones".

    Ante la pretensión de la petroleras de reducir los cortes vigentes del 12% para las naftas y del 10% para el diesel, la Liga Bionergética aseguró que "no se pretende reemplazar" al gas oil o las naftas, sino "complementar" la matriz energética, mediante el aporte de "un combustible de origen vegetal, renovable, menos contaminante y de producción nacional".

    El sector, además, se enfrenta al debate sobre la conveniencia de prorrogar el régimen vigente desde hace más de 10 años para los biocombustibles, y que permitió su desarrollo a través de 54 plantas situadas en 10 provincias (Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, San Luis, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán, Jujuy y Salta), y genera más de 60.000 fuentes de trabajo, directas e indirectas.

    El sector también da origen o potencia el desarrollo de otras industrias como productores cañeros, complejo aceitero y pequeñas aceiteras a prensa, empresas de transportes, industria metal-mecánica, y el desarrollo de nuevas aplicaciones tecnológicas al servicio del sector.

    Los biocombustibles constituyen el último eslabón en la cadena de agregado de valor de la soja, maíz y azúcar, y en el caso del bioetanol y el biodiesel pyme, el 100% de su capacidad de producción se destina al mercado interno.

    La capacidad instalada de biodiesel en el país es superior a 4.5 millones de toneladas anuales, y más del 50% se encuentra hoy ociosa.

     

     

 

 

 

 
 

 

 

 


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