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Se trata de un material compuesto de madera y plástico, originado de la búsqueda de nuevas alternativas para disminuir los altos costos de mano de obra.

El principio, el objetivo del proyecto que fue seleccionado entre los 9 mejores del concurso de innovación de la Bolsa de Comercio de Rosario, pasa por agregar valor al aserrín y expeller de soja, mediante la incorporación a una matriz plástica obtenida del procesamiento de recursos renovables.

Según los investigadores, la implementación lograría disminuir los costos actuales de la construcción, tanto en hormigón como en madera convencional.

Por ahora, las evaluaciones del Ing. Gabriel Rodríguez Riffel, indican que el aprovechamiento de desechos o subproductos de escaso valor generados por la industria forestal y los excedentes de la industria aceitera de soja, son suficientes para la obtención de compuestos plásticos de madera (WPC) como material económico y eficientes para la industria de la construcción.

Cabe destacar que este material de última generación, es conformado a partir de una simbiosis entre las propiedades de una fibra natural de madera con la de un polímero. Al mismo tiempo para lograr un producto de estas características, se necesita la implantación de una tecnología que permita combinar las fibras de madera con los derivados de soja y otros aditivos.

Al igual que en diversas regiones del país, la soja es el cultivo más sembrado en la provincia de Entre Ríos, con una producción anual que alcanza cerca de 3 millones 500 toneladas por campaña.

Desde hace tiempo varias instituciones, entre las que se destaca la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja), vienen remarcando que es necesario avanzar en nuevos usos, por encima de lo que se exporta e industrializa como aceite, harinas o pellets.

Riffel, reconoce que hay un gran excedente que no puede ser utilizado para la alimentación; aunque si podría volcarse a la obtención de WPC, abriendo una nueva perspectiva y posicionando a la oleaginosa en un nuevo rol dentro de la industria.

A futuro el uso de materiales reciclados abarcara todas las áreas. La construcción está migrando hacia nuevas tecnologías vinculadas al bajo costo, la sustentabilidad e inclusión estratégica. Los ladrillos o bloques de WPC podrán ser una alternativa en la cadena de aprovechamiento de la biomasa forestal y aceitera.

 

Fuente: La Capital

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  • Descubrieron cómo convertir arena del desierto en tierra fértil para la siembra de cultivos

    Se trata de “NanoClay “, es una arcilla líquida que permite que los suelos áridos del desierto, se conviertan en un lugar óptimo para la siembra.

    Quienes crearon este producto, fueron científicos que la empresa Desert Control, fundada por el científico noruego Kristian Olesen. Desarrollaron esta tecnología llamada Liquid NanoClay “Nano Arcilla Líquida” (LNC) que combina las nanopartículas de arcilla y agua para transformarlas en un nuevo material.

    Los investigadores aseguran que la arena desértica tiene una baja capacidad de retención de líquidos, lo cual hace que sea prácticamente imposible cultivar.

    Cuando se mezcla con la arena del desierto, el LNC permite que el suelo arenoso retenga el agua haciendo del desierto un suelo fértil, según indican. Cambia completamente sus propiedades físicas.

    El proceso para transformar el suelo árido en fértil es “muy simple”. Según indican, “el componente se aplica en el sistema de irrigación común a lo largo del área que queramos tratar. El suelo con el nuevo componente conserva el agua como una esponja, creando una capa de 40 a 60 cm de tierra fértil”.

    “Este proceso no incorpora ningún agente químico. Puede convertir cualquier suelo arenoso de mala calidad en tierras agrícolas de alto rendimiento en sólo siete horas. El suelo requiere un retratamiento del 15%-20% después de cuatro o cinco años si la tierra está labrada y si no está labrada, el tratamiento dura más tiempo” indican desde la compañía.

    Realizaron a la vez, pruebas en el desierto de los Emiratos Arabes, una región que se necesita tres veces más agua para la irrigación en comparación con lugares de clima templado, el consumo de agua se redujo en un 50%, lo que garantiza el doble de la superficie de siembra con la misma cantidad de agua.

    “El costo del tratamiento por hectárea de desierto varía de $1,800-$9,500 (£1,300-£6,900) dependiendo del tamaño del proyecto, lo que actualmente lo hace demasiado caro para la mayoría de los agricultores” indicó uno de los investigadores y agregó que “la idea de la empresa es vender inicialmente la arcilla líquida a los gobiernos, para después continuar con el sector privado”.

    Fuente: Infocampo.com

  • China sigue los pasos de Argentina para la conservación de suelos

    Aplicarán un reglamento de prácticas agrícolas para frenar la erosión producida por la labranza y los cultivos extensivos en los suelos negros del noreste.

    (Xinhua) - Un reglamento para la conservación del suelo negro entrará en vigor el próximo 1 de julio en la provincia de Jilin, noreste de China.

    El documento legal, que también fija el 25 de junio como el Día de la Conservación del Suelo Negro de Jilin, especifica cómo controlar la pérdida del suelo, aumentar la densidad de materia orgánica y preservar la humedad y la fertilidad del suelo.

    "El reglamento llena un vacío legal y fortalecerá la protección del suelo negro", dijo Yu Ping, miembro de la Comisión de Asuntos Legislativos del Comité Permanente de la Asamblea Popular Provincial de Jilin.

    El suelo negro, que en China cubre las provincias de Heilongjiang, Liaoning y Jilin y parte de la región autónoma de Mongolia Interior, es una de las tres áreas de suelo negro más grandes del mundo.

    Debido a su alta densidad de materia orgánica, es muy adecuado para la agricultura. Sin embargo, los cultivos a largo plazo y el uso excesivo de fertilizantes han causado la degeneración de los suelos, amenazando el medio ambiente y la producción de granos.

    Estudios realizados en la zona dan cuenta de que el espesor del suelo ha disminuido drásticamente de más de 60 centímetros en 1950 a menos de 30 cm en la actualidad.

    Fuente: Clarín

     

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